viernes, 27 de agosto de 2010

Surrogates

Recuerdo haberme dicho alguna vez que, de llegarse a una sociedad como la presentada en "Surrogates", de John Mostow, los primeros en querer comprarse un humanoide para que viviera por ellos serían los dueños de un BlackBerry. Creo que todos coincidimos en el efecto des-socializante que los smartphones tienen, creando paralelismos con la realidad en los que, tristemente, la gente parece más interesada. ¿Será acaso necesario que las relaciones dejen de ser sociales y se conviertan en constructos tecnológicamente fundados? ¿Cuándo dejamos que el 2.0 triunfara? 

El nefasto efecto que ha tenido la vertiginosa evolución de los medios de comunicación, en su afán de interconectarnos, es una disociación absoluta. Irónicamente, cuando buscamos un escape a la soledad a través de las redes sociales, internet -y estos condenados aparatos que zumban cada tres segundos-, más solos nos quedamos. La relación personal se convierte en un diálogo ficticio con un interlocutor artificial. Ya no hablamos con la gente, ya no tenemos tiempo para vernos, ahora preferimos estar alienados frente a una pantalla -Tal vez por la seguridad que brinda el tener tiempo para salir con líneas inteligentes o por el temor que produce el contacto directo-. Se ha ido perdiendo paulatinamente la humanidad de nuestras interacciones, cada vez más maquinizadas. Todo en nuestra vida gira en torno a los updates, a los followers, a los -cínicamente- llamados amigos en facebook, que nos dan un +1 como si fuera una condecoración castrense. Por si fuera poco, esa adolescente actitud de competir por quién es más popular se da ahora en el ámbito virtual.

¿Dónde quedaron las identidades, las personalidades, los silencios incómodos y las sonrisas nerviosas? Nos privamos de la vida por la comodidad de nuestro anonimato virtual. No falta mucho para que nos interese más un PIN que una persona. Propongo que si esto sigue así, las conversaciones se compren en iTunes Store, se codifiquen las emociones para enviarlas por bluetooth y se sellen, definitivamente, puertas y ventanas. Definitivamente sí es más cómodo imaginarse a la gente a partir de lo que escribe que relacionarse con ella directamente. Además, ¿Si tengo el PIN de alguien eso lo hace mi amigo, no? "Estoy tan solo en mi cuarto que un abracito entre emoticones basta". 

Por mucho que use internet, nunca pensaría en basar mis relaciones en él. Prefiero relacionarme con la gente. Soy un anacrónico.

27/08/2010
23:50 






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