martes, 21 de diciembre de 2010

Alfa Centauri

Días después de reencontrarme con una vieja amiga recuerdo aquella ocasión en la que, así fuera de mentiras, pudiste haber sido mía. Éramos apenas unos niños jugando a quererse, a seducirse, dejándose arrastrar de manera primigenia por los insondables avatares de pasiones que les eran ajenas. 

Casi era hora de pasar por tu casa, ubicada en una cuadra uniforme de un barrio cualquiera. Estaba nervioso. Vestía lo que humildemente consideraba era mi mejor atuendo. Ahora, visto con los ojos del hombre que te escribe, no podría recibir un calificativo distinto a andrajoso: Pantalones verdes, camisa caqui, saco adornado por una línea roja en el borde que hacía juego con los zapatos de cuero que me obligué a vestir con el sólo propósito de parecerle más adulto a tu papá. Jugando a ser mayor llegué incluso a vaciar casi completamente un frasco de Roger&Gallet sobre mi piel. Estaba listo, o eso creía. No podía dejar de verte en el umbral, con una sonrisa en los labios y la anticipación angustiosa de nuestro tiempo a solas en los ojos. Todo iba a ser perfecto, pensaba, te recogería, te llevaría a un restaurante, hablaríamos. Al final de la tarde, soñaba, me besarías. Recuerdo haber escrito algunos versos en una hoja a cuadros. En ellos te juraba amor eterno, vaticinaba, a poco más de una década de vida, el gozo de nuestra unión. Relataba, eufórico, el momento en el que te tendría entre mis brazos, a ti, una pequeña niña de doce años. Finalmente logré disuadirme de entregarte la hoja llena de mi caligrafía abarrotada y nerviosa. Era demasiado pronto para pedirte que fueras, conmigo, un alma.

Ese día, que permanecería hasta hoy inalterado en mi memoria, salí de casa en compañía de mi madre. Ella, como siempre, ponía su corazón en juego con el mío. Presumo que sentía, inclusive, el violento cabalgar de mi sangre en las sienes y el ahogo momentáneo que me generaba el pensarte. No quería que fuera conmigo pero, ¿qué otra cosa podía hacer? Necesitaba llegar hasta tu portal de alguna manera. No olvides que te escribo sobre nuestra infancia. En el camino tal vez me dio algún consejo, me regaló un cumplido o me ilusionó diciéndome que era indudable que tú también me querías. La verdad no lo recuerdo. De hecho, he olvidado completamente el recorrido hasta tu casa. Lo que sí tengo presente es el haberte visto en medio del mareo que producían mis nervios y la voz de tu papá diciéndome que no podía salir contigo, resaltando que, así no quisiera creerlo, yo seguía siendo un niño. 

Ese día no te dije adiós, sólo abandoné la idea de perseguirte. De nada valió el noble gesto de presentarme de nuevo ante tu papá para disculparme por la ira que había producido en mí su condicionamiento. No entendía, entonces, que el amor pudiera ser atado a protocolos, a rituales, a cadenas. Sigo sin entenderlo. Sin embargo, quería despedirme como un caballero y así lo hice.

La verdad es que hoy, al mirar atrás, este hombre que escribe sobre el niño que fue te extraña un poco, anhela haber podido ganarle al destino en esa ocasión y para siempre. La verdad es que sigo siendo ese niño. La verdad es que ninguna otra niña ha sido para mí la más brillante estrella, esa que lleva, para mí, tu nombre.

21/12/10
17:48



lunes, 6 de diciembre de 2010

Sístole.

Llega, sin embargo, un momento para repensarlo todo. Inevitablemente, se balancean los idealizados constructos del enamorado con las realidades. Al verlas de frente, sin la ansiedad que generaba su implacabilidad, todo parece ser distinto. Comienza a aparecer la fealdad como una sombra en tu rostro. La adolescencia de tu forma de vivir me repele. Ya no te extraño e incluso pienso que la distancia ha sido la mejor consejera en una batalla que no debía ser luchada pero que, por mi terquedad, se luchó sabiéndose perdida desde el primer instante. En ese instante estoy seguro de no amarte, sonrío, confiado en que las posibilidades que se abren son inconmensurables. Me tranquilizo.

Lo que olvido, ingenuamente, es que para que un corazón pueda latir se requiere completar el ciclo.

Diástole.
06/12/10
14:56