miércoles, 22 de febrero de 2012

Última mirada

Los ojos no se sacian. Inquietos, sedientos, buscan constantemente.

Impulsado por las ansias de abandonar un cuarto impersonal y vacío, una vida quieta, decidí salir a la calle. Tal vez, pensaba, esa noche todo cambiaría. Eran tantas las posibilidades que no podía arriesgarme a permanecer impasible ante ellas. Nada podía decirme con certeza que regresaría solo, que no conocería finalmente al amor de mi vida. Sí, ese es mi lugar común favorito: El amor de la vida. Pensar que existe una persona en el mundo a quien solo hace falta ver a los ojos una vez para sellar el destino es una idea maravillosa. Sencillamente no puedo escapar a ella. Me consume.

Anduve con aire taciturno por las calles levemente iluminadas con el inquebrantable convencimiento de ser el único caminante solitario del mundo. Buscaba un lugar en el que refugiarme, sin tener que contestar preguntas. Qué difícil se convierte encajar en un mundo de parejas y grupos de amigos cuando se va acompañado apenas de la sombra. Un teatro, concluí, sería el mejor lugar para aclarar mi mente.

Pasó casi una hora antes de llegar al cine. Al entrar noté a una mujer que sobresalía por su juventud en un espacio casi totalmente ocupado por parejas mayores. En ese momento no pude verla con claridad y, por supuesto, ella tampoco se dio cuenta de que la observaba. Tomé un asiento vacío en la fila frente a ella. Durante la película busqué la ocasión de verla de nuevo pero la sala estaba completamente oscura y la obviedad de mirar algo distinto a la pantalla evitó que hiciera siquiera el intento de girar la cabeza. 
      
La presentación concluyó. El teatro permaneció oscuro mientras los créditos ascendían frente a mí. Tan solo una luz se encendió, rodeándome de manera casi dramática mientras el resto de la sala continuaba en la penumbra. Tal vez inspirado por esos particulares juegos del azar que estuve viendo por casi dos horas esperé sentado, pensando que estaba siendo deliberadamente subrayado por la luz. Solo la desconocida en la que me fijé al entrar podría decir si la iluminación la hizo fijarse en mí o no. Lo cierto es que tan solo un instante después del fin de la película me volteé sutilmente buscándola. Seguía siendo imposible poner mis ojos en los suyos.

La gente comenzó a irse del lugar y yo la seguí a través de la salida. Una vez afuera di algunos pasos de vuelta a casa. Sin embargo, algo latía con violencia en mi interior. Al mirar sobre mi hombro la vi finalmente de frente. Escribiendo descubro con algo de nostalgia que ya no la recuerdo enteramente, pero era hermosa. Una combinación de eventos casi imposible se interpone ahora a una segunda mirada.


22-02-2012
11:07