jueves, 29 de noviembre de 2012

La terna está integrada

Esas fueron las palabras de Roy Leonardo, esposo de una funcionaria de la Procuraduría y presidente de un Senado que negó 39 impedimentos a congresistas que estaban siendo investigados por el ente de control o que contaban con familiares vinculados laboralmente al mismo. Esos mismos congresistas reelegirían al cabo de unos minutos, y acudiendo al voto secreto, a Alejandro Ordóñez como director del Ministerio Público.

Para nadie fue una sorpresa que Ordóñez fuera reelegido. No fueron suficientes las denuncias sobre nombramientos políticos orientados a garantizar su reelección, ni la desaparición de 800 expedientes disciplinarios relacionados con falsos positivos de la Procuraduría, o la persecución a activistas de género que emprendió el primer llamado a velar por la protección de los derechos humanos en Colombia. Tampoco importó que el Procurador  desconociera los fallos de la Corte Constitucional que debería acatar, ni que esgrimiera posiciones políticas que ni siquiera la Iglesia Católica acogería en temas como el aborto. La nueva unción del Procurador era esperada por una sociedad civil que comprendía el poder con el que contaba Ordóñez y las ventajas con las que inició la carrera: Cuatro años al frente de la institución encargada de controlar disciplinariamente a sus electores, un enorme botín burocrático por repartir, el apoyo cantado de Conservadores y Liberales -que son lo mismo-, amigos entre las filas de sus prefectos de disciplina y una terna conformada con dos semanas de antelación a la sesión en la que lo nombraron señalaban diáfanamente que el marcador estaba decidido antes del pitazo inicial.

Por eso, de verdad, que Ordóñez vaya a estar cuatro años más promoviendo matrimonios entre un hombre mayor que la mujer, más alto que ella, de la misma raza y seguramente encargado de "mantenerla", como se ve en este video, no es lo que más indignación me causa. Me preocupan, claro, las incontables víctimas de la persecución que continuará y los nefastos efectos que tiene para la "democracia colombiana" que un señor con tanto poder ande por ahí desinistitucionalizando aún más al Estado. Sin embargo, considero que pensar en Ordóñez como una excusa para trabajar por un país verdaderamente inclusivo, como dice este atinado bloguero, es mejor.

Lo que me inquieta profundamente es ver cómo en Colombia la política siempre se impone al derecho. Lo que es peor, lo utiliza para ganar un halo de legitimidad que solo la voz del juez puede darle. "La terna está integrada" fue una frase que resonó con cinismo en el recinto del Senado a pesar de que, a las diez y media de la mañana del día de la elección, María Mercedes López, en la única actitud digna que podía asumir, renunció a su candidatura. Ante tal situación, cualquier desentendido diría que no había terna, que los únicos candidatos por los que se podía votar eran Orlando Gallo (el títere) y Alejandro Ordóñez (el único candidato). Empero, y esto no es raro en Colombia, un tecnicismo (eufemismo ampliamente utilizado para referirse a las leguleyadas) salvó los apetitos reeleccionistas de Monseñor: Según la interpretación dada a una sentencia de 2001, la renuncia del candidato es irrelevante si su nominador no la reconoce. Entonces, dado que Juan Manuel Santos no comunicó la renuncia de María Mercedes López al Senado (y claro que no lo iba a hacer), la expresión de la voluntad de la segunda fue absolutamente desconocida.

Sucedió entonces que al Senado llegaron dos candidatos pero, según lo apenas explicado, "legalmente" había tres. Uno de ellos no iba a recibir ningún voto porque había renunciado y los senadores lo sabían. Pero, de nuevo, "la terna estaba integrada". Donde nosotros veíamos dos individuos, los alquimistas de las leyes veían tres. Eso era lo que les convenía, por supuesto. 

Lo que ellos no nos contaron fue que en el caso de 2001 el Presidente insistió en la nominación del candidato que había renunciado, cosa que el pokerista no hizo en esta ocasión. También olvidaron señalar que la renuncia fue el resultado de no haber podido presentar los documentos solicitados por la Comisión de Acreditación y no de que el candidato se hubiera dado cuenta de su condición de comodín. Esto sí lo notó María Mercedes López luego de insistir hasta el cansancio en que se le dieran garantías suficientes ante los oídos sordos de los "padres de la patria". En conclusión, nos metieron los dedos en la boca. Y como actuar "en derecho" dota de sacralidad hasta a la más baja actitud humana, nosotros no pudimos hacer nada al respecto. Bonita forma de celebrar los 201 años del Congreso.




viernes, 16 de noviembre de 2012

Qué bonito es Israel

El conflicto que parece no tener fin se reactivó desde el miércoles pasado, cuando un ataque aéreo israelí causó la muerte de Ahmad Jabari, jefe militar de Hamas, en la Franja de Gaza. En ese momento se advirtió que Israel había “abierto las puertas del infierno” y que debía atenerse a las consecuencias de sus actos. 22 palestinos y 3 judíos han muerto. Casi todos son civiles.

Al igual que en la operación Plomo Fundido de 2008 en la que murieron 1.400 palestinos, en su mayoría civiles, o en 1948, cuando un grupo de judíos sionistas invadió territorios palestinos para reconquistar la tierra que les pertenecían “por derecho divino”, matando y desplazando a miles de personas, en los últimos tres días las víctimas anónimas de esta histórica división son los inocentes. La operación Pilar de Defensa ha causado la muerte de hombres, mujeres embarazadas y niños que no tenían nada que ver con el “derecho del pueblo israelí a defenderse de las agresiones de Hamas”. Un derecho que, evidentemente, se ha prestado para responder de manera desproporcionada al lanzamiento de misiles por parte de algunos yihadistas. Centenas de operaciones aéreas y la preparación de un contingente de 16.000 hombres para invadir la Franja de Gaza no son propiamente sintomáticos de la legítima defensa israelí, sino que hablan del ánimo del gobierno de Netanyahu de aplastar a Palestina.

Y es claro que Israel no tiene ningún interés en la convivencia pacífica con su asolada vecina, a la que ya advirtió que, en caso de obtener reconocimiento como Estado observador por parte de la Asamblea General de la ONU, deberá atenerse a que se desconozcan los acuerdos de Oslo, cuya declaración de principios establecía que era hora de ponerle fin a décadas de confrontación. Desafortunadamente, a un año de cumplirse el vigésimo aniversario del acuerdo, ésta continúa.

Más que eso, la avanzada israelí podría conducir a una escalada de la violencia en la ya convulsionada región del Máshreq. A Líbano, Irán, Jordania y Palestina (opositores naturales de Israel) ahora se suma la llegada al poder de la Hermandad Musulmana en Egipto. El apoyo de Mohammed Mursi a los palestinos es tan claro que su primer ministro, Hisham Kandil, visitó en la mañana del viernes la Franja de Gaza en búsqueda de un cese al fuego. Esto podría indicar que Egipto pretende mantener el papel de mediador entre las dos partes en conflicto que adelantó bajo el gobierno de Hosni Mubarak, quien fuera un importante aliado de Estados Unidos en la región. Sin embargo, el llamado a un “Día de Ira” hecho por la Hermandad Musulmana, la continuación de los bombardeos por parte de Israel y la indignación que puede producir dentro de la umma  musulmana el uso de la fuerza por parte de esta potencia militar del Medio Oriente pueden reverberar más que los U$D 1’300.000.000 de ayuda que recibe Egipto, si el conflicto adquiere un cariz religioso.

Recuérdese que el Corán llama a la comunidad islámica a unirse en su propia defensa y que, si bien  los yihadistas son cuestionados incluso por las autoridades musulmanas, existe un clima de radicalización hacia Israel (y Estados Unidos, su principal aliado) en la actualidad. De otro lado, Israel ha alertado acerca de la posibilidad de un ataque preventivo contra Irán, la muerte de varios físicos iraníes que trabajaban en el programa atómico fueron atribuidas al Mossad y Estados Unidos mira con recelo las actividades nucleares del gobierno de Ahmadineyad.

Todos éstos son factores de riesgo de una guerra que podría ser definitiva y que no parecen trasnochar a quienes comandan la operación Pilar de Defensa.

Lo que más me perturba, sin embargo, no son los hipotéticos, sino los hechos reales. Insisto en que hay civiles, personas como usted y yo, niños y mujeres embarazadas, muriendo a causa de un conflicto milenario sobre dónde quedaba el palacio de David, a dónde envió Dios a Moisés y cuál árida línea imaginaria divide la “tierra prometida” del territorio palestino. Y cada nuevo dígito en el conteo de bajas es irrecuperable. No son avatares en un juego de video, son mundos enteros los que se están aniquilando. Qué doloroso contraste ofrece la misma región cuando se recuerda que, en plena Primavera Árabe, un grupo de cristianos coptos decidió hacer una cadena humana alrededor de los fieles a Mahoma que oraban en la Plaza Tarhir, en el centro de El Cairo para protegerlos.

Israel castiga con todo su poderío militar a una población condenada a cargar con el peso de las divisiones religiosas por los tímidos ataques de un grupo de extremistas y se opone a que Palestina sea finalmente un Estado si este reconocimiento no proviene de las negociaciones “bilaterales” en las que siempre ha tenido una ventaja militar y política. Israel busca una guerra innecesaria, anacrónica y bárbara, que podría evitarse si se recordara que lo que pretende repartirse es tierra y nada más. Mientras hay ejemplos de tolerancia y convivencia entre los distintos credos incluso en los más álgidos momentos de la política en el Medio Oriente contemporáneo, Israel insiste en imponer su fe por la vía de las armas.

No desconozco lo simplista de mi visión de outsider, solo señalo que, como lejano espectador de la violencia que sacude a Medio Oriente, me es incomprensible y dolorosa cada muerte que se justifica en la Torah, el Corán o cualquier otro “texto sagrado”. Todas son evidencia del más desgarrado desconocimiento del otro y de la urgente necesidad de pensarnos como iguales, como humanos.