domingo, 22 de agosto de 2010

Garrapatea

Me confieso ignorante. Parta de ese aserto al leer estas palabras. No hay en mí, siquiera, una intención de pasar por conocedor de la música en un texto grandilocuente y pretencioso. Sin embargo, sería igualmente deshonesto dejar de señalar la violencia con la que me golpean algunas obras. Me estremezco, "garrapateo", las emociones se enturbian y, luego, llega la paz. Pocas cosas del mundo me ofrecen una catarsis tan profunda como la música. En ella encuentro la más absoluta y desgarradora evidencia de un espíritu. En la magnanimidad de Beethoven, en el romanticismo irrestricto de Bach, en los iterativos clamores de Pachelbel, en el dramatismo de Mozart, he encontrado excusas para llorar desconsoladamente y para embriagarme en la dimensión divina de la vida. Ha sido la música una égida poderosa para mis emociones, para mi humanidad. No hay mayor acto de amor que crear. Poco se arriesga en el silencio, poco se pierde en el anonimato. Entregarse como se es al mundo, a través de los compases -o las palabras- es un llamado insurrecto a despertar. No es un grito de auxilio, es un acto profundamente desinteresado. No se crea para ser admirado, se crea para dejar algo de sí en los demás, para expresar dimensiones ocultas de esa personae que se emplea a diario. Para renunciar a las máscaras. 

Otra verdad, en lo que a mí respecta, es que, tal vez siendo egoísta, reservo las composiciones que surgen del dolor, del desamor, de la esperanza. Probablemente es este pequeño ser creativo que se apropia de mis dedos para hilvanar frases medianamente coherentes el que busca sentirse identificado en los majestuosos hombres que están detrás de las Sinfonías, los Cánones, las Sonatas. Con humildad, claro está -Reconociendo una abismal distancia entre aquellas figuras casi épicas y quien escribe-, acudo a la creación para ser, no exclusivamente para expresar. Últimamente, trato de hacer públicas estas maquinaciones para conocerme mejor a través de lo que escribo a modo, nuevamente, de catarsis. Y este proceso suele estar acompañado, contextualizado, ambientado, por la música atemporal.

Escribo, entonces, para dejar algo de mí en quien me lee, porque sé que las palabras que se dan, jamás vuelven vacías.

22/08/10
2:22 

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