Bogotá D.C., lunes 25 de junio de 2012
Doctor
JUAN
MANUEL SANTOS CALDERÓN
Presidente de la República de Colombia
Casa de Nariño
Carrera 8 No. 7 - 26
Ciudad
Señor Presidente,
Colombia atraviesa una coyuntura de
enormes implicaciones para el futuro de la institucionalidad y de la
democracia. Gracias a la aprobación en el Congreso de la República del Acto
Legislativo por medio del cual se reforman artículos de la Carta Política, bajo
el cínico mote de "reforma a la justicia", se ha generado un caos
institucional que pone en entredicho su capacidad de mando y su responsabilidad
ante el electorado colombiano, así como su conocimiento y respeto de la
Constitución de 1991.
Frente a lo primero huelga señalar que
ha sido usted verdaderamente sagaz evitando la responsabilidad que le compete
en la discusión, durante dos años y en ocho debates en Cámara y Senado, de un
proyecto de Acto Legislativo que fue torpedeado desde sus inicios por las más
altas instancias de la Rama Judicial y la Academia. Usted, que es un hombre sin
duda preparado y con experiencia en el servicio público, supo ignorar esas
voces e impulsar el trámite legislativo por medio de los Ministros Germán
Vargas Lleras y Juan Carlos Esguerra Portocarrero. Como jefe de la "unidad
nacional", esa coalición que se asemeja más a la Duma Soviética que a un
Congreso democrático, dirigió la discusión de una modificación profunda al
texto de una Constitución a la que se llegó como pacto de paz en un momento de
tensión política difícilmente equiparable con otro episodio en la joven vida
republicana de nuestra Nación. Sin embargo, como el Frankenstein de Shelley, ha
decidido renegar de su criatura y huir de ella cobardemente. La primera intención
de esta misiva, dirigida con respeto a la institución que usted representa pero
como un cuestionamiento ético orientado a la persona, es resaltar su
irresponsabilidad. A diferencia del Ex-Ministro Esguerra, quien decidió
separarse irrevocablemente de su cargo con gallardía, usted ha aparecido en los
medios de comunicación como la inocente víctima de una treta del Congreso. En
plata blanca, Señor Presidente, la altísima dignidad del cargo con el que el Pueblo
colombiano decidió -indebidamente, desde mi punto de vista- honrarlo, debería
forzar en usted actitudes más elevadas. Usted, Doctor Santos Calderón, es el
primer responsable de la "reforma a la justicia". No siga huyendo de
esa realidad mediante artilugios jurídicos y elaborados discursos políticos.
En lo que se refiere a mi segunda
percepción, debo aseverar rotundamente que encuentro en su decisión de
presentar objeciones al Acto Legislativo aprobado por el Congreso de la
República una actitud pérfida y abiertamente atentatoria contra la Constitución
Política de 1991. A eso tuvo que acudir su Gobierno una vez se encargó de darle
vida a la reforma que ha llegado a ser calificada de “adefesio”. Dado que
vivimos en un país de abogados, como lúcidamente señaló el Libertador en los
albores de la Patria, usted ha buscado enredar al Pueblo colombiano en
leguleyadas que pretenden cegarnos ante la única verdad irrebatible: Su
Gobierno fue cómplice de una deforma a la Carta Política y ahora, arrepentido,
violará la Constitución bajo el falso estandarte de protegerla del Congreso. El
hecho está consumado y usted pretende desistir de él.
Y digo que se consumó la vileza fraguada
gracias a que el Ejecutivo y el Legislativo se cohonestaron porque usted está
llamado a enviar el Acto Legislativo al Diario Oficial para su promulgación. Aun
más, en sendas ocasiones la Corte Constitucional ha señalado tajantemente que
el Presidente de la República no puede objetar Actos Legislativos. Basta con
recordarle, de la manera más respetuosa, que en la Sentencia C-222 de 1997, la
Alta Magistratura aseveró que: “… el artículo 375, específico de las reformas
constitucionales, no supedita su entrada en vigencia a la sanción del
Ejecutivo, ni autoriza a éste para objetarlas".
Empero, entiendo que por razones
políticas decida oponerse justo en este momento a una iniciativa de su propio
Gobierno. Después de todo, el impacto que tendría sobre su menguada popularidad
permitir que una reforma que carece de toda legitimidad social se materialice
podría llevar a que su relección se convierta en un imposible. Ahora, Señor
Presidente, me atrevo a preguntar –anticipando que una respuesta probablemente
no llegará- si no debe ser superior el orden constitucional a la vocación de
poder de un ciudadano. Su Secretaria Jurídica, la Doctora Cristina Pardo
Schlesinger, afirma al igual que usted que en el tratamiento que la
Constitución y la Ley Quinta de 1992 dan a los Actos Legislativos existe un
vacío que puede ser llenado con normas del procedimiento legislativo ordinario.
Con esto, pretenden justificar lo injustificable. Señor Presidente, si el
Constituyente omitió la posibilidad de que el Poder Ejecutivo objete una
reforma constitucional lo hizo para evitar que quede en sus manos la decisión
sobre la norma fundamental del sistema jurídico colombiano. No se trata de un
vacío en el procedimiento sino de un diseño institucional completamente
distinto, que busca evitar que el Presidente remplace la voluntad de los
constituyentes primario y derivado. Con sus decisiones, lo único que hace es
reforzar en el Pueblo la sospecha sobre los vicios de un presidencialismo
exacerbado, ¿no es usted, acaso, el mandatario de una democracia?
Como si la decisión de objetar lo
inobjetable no bastara, ha decidido usted convocar al Congreso de la República
a sesiones extraordinarias para recoger los pasos dados, en su totalidad, en la
dirección equivocada. Sus asesores jurídicos pretenden ignorar el mandato
establecido en el artículo 375 de la Constitución Política de Colombia, según
el cual “El trámite del proyecto tendrá lugar en dos períodos ordinarios y
consecutivos”, afirmando que lo que sucedió en las dos legislaturas fue la aprobación del Acto Legislativo y que,
en las sesiones convocadas, se adelantará otro
procedimiento. ¿Cuál procedimiento, Señor Presidente?, ¿la irresponsable y
tardía revocatoria de un Acto Legislativo pensado por el Gobierno Nacional,
adelantada mediante maniobras ilegales y consentidas por un Congreso que, ahí
sí, es liderado por el jefe de la unidad nacional? Lo único que hay de cierto
en el llamado a sesiones extraordinarias es que, como en todo lo que se refiere
a las decisiones tomadas frente a la reforma por la Casa de Nariño, se obra de
manera ilegal. No se actúa extraconstitucionalmente
o supraconstitucionalmente -¿a
quién se le ocurre que hay algo por encima de la Constitución, pero bajo el
control de la Rama Ejecutiva?-. Se actúa
ilícitamente.
La coyuntura en la que su Gobierno nos
ha puesto, entonces, es una en la que parecen enfrentarse la legalidad y la
trampa, los hechos y el derecho. Por una parte, los que quisiéramos aferrarnos
a la legalidad en su sentido más material, quisiéramos ver el Acto Legislativo
promulgado para demandarlo ante la Corte Constitucional y para someterlo al referendo
previsto en el artículo 377 de la Constitución. Otros, los que disfrazan sus inmorales
intenciones con el ropaje de la legalidad, estarían dispuestos a utilizar la
reforma para beneficiarse de la más variopinta manera: Logrando excarcelaciones,
liberándose de causales de pérdida de investidura, extendiendo los términos de
los procesos de nulidad electoral.
Es un precio demasiado alto para el País.
Probablemente la conclusión de este vergonzoso episodio será que el Acto
Legislativo sea archivado una vez un Congreso cooptado reciba las objeciones
que un Presidente haga al texto, sin estar facultado para ello, y las apruebe
en sesiones extraordinarias en las que no deberían debatirse Actos
Legislativos. Así, pues, la política se impondrá al derecho, se sentará un
precedente nefasto y la inmoralidad quedará definitivamente tatuada en su
Gobierno. Habrá sido usted, Doctor Santos Calderón un Presidente que violó
abiertamente la Constitución para protegerla de la horrenda criatura que fue la
“reforma a la justicia” de iniciativa del Gobierno.
Quienes verdaderamente queremos trabajar
por una mejor Colombia, los idealistas, esperaremos impacientes el momento en
el que podamos recibir la aprobación del Pueblo Soberano para adelantar los cambios
que nuestro País demanda y necesita desde hace más de cinco décadas.
Atentamente,
_____________________________________
SANTIAGO
ALBERTO VARGAS NIÑO
C.C. No. 1’010.182.854 de Bogotá D.C.
El contenido del documento que fue presentado ante el Departamento Administrativo de la Presidencia de la República hoy, fue ligeramente cambiado. El nuevo texto está en la entrada: "Carta abierta al Dr. Juan Manuel Santos Calderón (II)".
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