Terminaron ya aquellos maravillosos días en los que me daba licencias para pensar en ti con cada pequeño acontecimiento del día. Ya no busco coincidencias que me recuerden tu nombre, ya no imagino lo que sería la cotidianidad a tu lado. Comienza ahora la tarea de devolverle el significado a todas aquellas palabras que adquirieron, por ministerio de mi irrefrenable deseo de saberte mía, de encontrar detalles que nadie más notara y me acercaran a ti, un aire de tu esencia. Esa vecina serbia que lleva tu nombre, ese edificio adornado con iniciales que no te pertenecen pero que bien podrían hacerlo, ya no me recordarán las pequeñas manchas que el sol ha dejado en tu nariz, ya no traerán la forma de tus ojos y el sonido de tu voz con ellos. Nunca ha sido necesario. Desde que te conocí he tenido fija tu imagen en mi mente, indeleble, inalterable, demasiado arraigada en el fértil campo de mi ser onírico como para necesitar referencias a ella en el trasegar de amaneceres a puestas de sol -Que, por mucho que deseara que lo fueran, no son incontables-. Sin embargo, eran secretos, pequeños cofres que atesoraba, usándolos para recordarte con más furor, para anhelarte con mas ahínco.
Te dejo ir, me despido.
Te confieso que nunca pude captar tu aroma, siempre fuiste neutra. Tal vez debí percibirlo como una premonición.
22:16
Dejar ir es siempre la mejor opción. Siento que las cosas no hayan resultado como querías, pero supongo que eventualmente todo lo que sientes se transformará y encontrará nuevas formas de manifestarse ...
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